LOUISE HAY

 

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“Todos tenemos dentro una sabiduría infinita que es capaz de proporcionarnos la mejor vida posible. Aprendiendo a confiar en esa sabiduría interior podemos comenzar a introducir cambios en nuestra vida. Recuerda que el primer paso para sanar tu vida, y el más importante, es sencillamente la conciencia de que necesitas un cambio. Con el tiempo, esta conciencia te permitirá ver la belleza, el amor y el poder que hay dentro de ti”. Louise Hay

Louise Hay  es consejera metafísica, profesora y conferenciante. Ha ayudado a millones de personas a través de sus técnicas y filosofía basada en al Amor y Aceptación Incondicional hacia nosotros mismos y por ende hacia los demás. Por medio de su libro Usted puede Sanar su Vida un Best-Seller internacional, logró llegar a personas de todo el mundo. A través de su mensaje se ha convertido en una guía en el camino del autodescubrimiento y transformación para muchos, ayudándolos a descubrir y utilizar todo su potencial creativo para el crecimiento personal y la autocuración.

El mensaje principal de su libro es: “Todos tenemos el poder de CAMBIAR nuestras vidas, pues nuestros pensamientos crean nuestra realidad”. 

Hoy en día la ciencia corrobora sus planteamientos, pues en la actualidad sabemos que son nuestros pensamientos y sentimientos  los que crean nuestra vida. De esta manera nuestra realidad es un reflejo de lo que pensamos y sentimos.

Louise manifiesta la idea de que la causa de todos nuestros problemas en diversos ámbitos de nuestra vida, es la falta de Amor y Aceptación hacia nosotros mismos. A través de su filosofía es una guía en el camino hacia la autotransformación. La aplicación de sus técnicas y métodos ayudan a generar amor y paz interior y exterior, nos proporcionan las herramientas para responsabilizarnos y empoderarnos de nuestras vidas, generando de esta forma los cambios que deseamos en cualquier ámbito, dándonos la posibilidad de CREARnos una vida PLENA Y FELIZ. 

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Pese a una vida llena de sufrimiento, maltratos y desgracias y un diagnóstico de cáncer logra salir adelante y la autocuración. Pues esto es el reflejo de que estemos donde estemos, hayamos pasado lo que hayamos pasado, tenemos la posibilidad de cambiar y sanar nuestra vida. Louise es un fiel reflejo de superación personal. Aquí pueden leer un extracto de su historia la cual aparece en su libro: “Usted puede sanar su Vida”

“Entonces, un día, me diagnosticaron un cáncer. Con mis antecedentes de haber sido violada a los cinco años, y con los malos tratos que había sufrido, no era raro que el cáncer se manifestara en la zona vaginal. Como cualquiera a quien acaban de decirle que tiene cáncer fui presa de un pánico total. Sin embargo, después de—todo mi trabajo con los clientes, yo sabía que la curación mental funcionaba, y ahí se me ofreció la ocasión de demostrármelo a mí misma. Después de todo, yo había escrito un libro sobre los modelos mentales, y sabía que el cáncer es una enfermedad originada por un profundo resentimiento, contenido durante tanto tiempo que, literalmente, va devorando el cuerpo. Y yo me había negado a disolver la cólera y el resentimiento que, desde mi niñez albergaba contra “ellos”. No había tiempo que perder, tenía muchísimo trabajo por delante.

La palabra incurable, tan aterradora para tantas personas, para mí significa que esa dolencia, la que fuere, no se puede curar por medios externos, y que para encontrarle curación debemos ir hacia adentro. Si yo me hacía operar para librarme del cáncer, pero no me liberaba del modelo mental que lo había creado, los médicos no harían otra cosa que seguir cortándole pedazos a Louise hasta que ya no les quedara más Louise para cortar. Y esa idea no me gustaba. Si me hacía operar para quitarme la formación cancerosa, y además me liberaba del modelo mental que la provocaba, el cáncer no volvería. Si el cáncer (o cualquier otra enfermedad) vuelve, no creo que sea porque “no lo extirparon del todo”, sino más bien porque el paciente no ha cambiado de mentalidad, y se limita a recrear la misma enfermedad, quizás en una parte diferente del cuerpo. Yo creía, además, que si podía liberarme del modelo mental que había creado aquel cáncer, ni siquiera necesitaría la operación. Entonces procuré ganar tiempo, y a regañadientes, los médicos me concedieron tres meses más cuando dije que no tenía dinero. Inmediatamente, asumí la responsabilidad de mi propia curación. Leí e investigué todo lo que pude encontrar sobre las maneras alternativas de colaborar en mi proceso curativo (…) Yo sabía, además, que tenía que amarme mucho más a mí misma. En mi niñez me habían expresado muy poco amor, y nadie me había enseñado que estuviera bien sentirme contenta conmigo misma. Yo había adoptado aquellas mismas actitudes de estar continuamente pinchándome y criticándome, y se habían convertido en mi segunda naturaleza. 

Durante mi trabajo había llegado a darme cuenta de que no sólo estaba bien que yo misma me amara y me aprobara: era esencial. Y, sin embargo, seguía postergándolo, como se va dejando estar esa dieta que siempre vamos a empezar mañana. Pero ya no podía postergarlo más. Al principio me costaba muchísimo hacer cosas tales como ponerme frente al espejo y decirme: “Louise, te amo; de verdad que te amo”. Sin embargo, al ir persistiendo descubrí que en mi vida se daban varias situaciones en las que antes me habría censurado ásperamente, pero ahora, gracias al ejercicio del espejo, ya no lo hacía. Es decir, estaba progresando. Entendí que tenía que liberarme de los modelos mentales de resentimiento a que me había venido aferrando desde mi infancia. Era indispensable que dejara de cultivar resentimientos. Sí, yo había tenido una niñez muy difícil y había padecido muchos malos tratos, mentales, físicos y sexuales. Pero de eso hacía muchos años, y aquello no era excusa para la forma en que yo misma me trataba en ese momento. Estaba, literalmente, devorando mi cuerpo con un crecimiento canceroso porque no había perdonado.

Ya era hora de que dejara atrás aquellos incidentes y de que empezara a entender qué experiencias podían haber llevado a mis padres a tratar de aquella manera a una niña. Con ayuda de un buen terapeuta, expresé toda la vieja cólera acumulada, aporreando almohadones y aullando de rabia. Eso me hizo sentir más limpia. Después empecé a reunir fragmentos de los relatos que les había oído contar a mis padres sobre su propia infancia, y a tener una imagen más clara de su vida. Con creciente comprensión, y desde un punto de vista adulto, comencé a sentir compasión por su sufrimiento, y el resentimiento empezó lentamente a disolverse. Además me busqué un buen dietista que me ayudara a purificar el cuerpo y a desintoxicarlo de toda la basura que había comido durante años. Aprendí que la mala comida se acumula en el cuerpo y lo intoxica. Y los “malos pensamientos” se acumulan y crean condiciones tóxicas en la mente. Me dieron una dieta muy estricta, con muchísimas verduras de hoja y no mucho más. Incluso me hice un tratamiento de limpieza de colon tres veces por semana, durante el primer mes. Y aunque no me sometí a ninguna operación, como resultado de esa limpieza a fondo, tanto en lo mental como en lo físico, seis meses después del primer diagnóstico conseguí que los médicos rne confirmaran lo que ya yo sabía: ¡Que ya no tenía ni rastros de cáncer! Ahora sabía por experiencia personal que la enfermedad se puede curar si estamos dispuestos a cambiar nuestra manera de pensar, creer y actuar. A veces, lo que parece una gran tragedia termina por ser lo mejor que nos ha pasado en la vida”